dijous, 2 d’octubre de 2008

En los campamentos impacta sentir toda esa energía que sobra

Cineasta, fotógrafa, acaba de asumir la dirección del Instituto

Goethe de Donostia pero hace dos días presentó en el Zinemaldia su documental sobre el Sahara: 'Hacia el mundo con tus ojos'

Hce poco que aceptó la dirección del Instituto Goethe en San Sebastián con la intención, lógicamente, de difundir la cultura alemana y convertir el idioma de Kant y Marlene en «la cuarta lengua de este país ya de por sí bilingüe». Pero también tiene que atender las necesidades de difusión de la película por la que consiguió el premio La Rosa del Desierto en el Festival de Cine Internacional del Sahara. Hacia el mundo con tus ojos se titula y sirvió de pórtico a la presentación del Festival del Sahara 2009.

- ¡Qué extranjera se siente una en los campamentos! Yo le diría que más que en cualquier lugar de Europa, por muy al norte que quede.

- ¿Tú crees? ¿Por qué lo dices? Yo lo que me sentí fue absolutamente dependiente de aquellos que me acogían. Ellos y nadie más sabían los caminos, los horarios, las señales del cielo y de la arena.

- Por ahí iba. Ninguna de tus experiencias como viajera, ninguno de tus escarmientos, te sirve en los campamentos, en el desierto.

- Pero es que, yo ya soy extranjera. Soy extranjera aquí. Y a veces cuesta. Cuesta integrarse y al mismo tiempo, guardar tu cultura. Por otro lado, te diré una cosa: las gentes saharahuis aquí también son extranjeras. Y se marchitan.

- Eso va directo contra la línea de flotación de las campañas para que los donostiarras acojan en verano a niños de los campamentos...

- No te hablo de los niños. Te hablo, por ejemplo, de las grandes damas del Sahara. Mujeres absolutamente luchadoras que han llevado adelante a su pueblo y a su familia. El desierto es muy duro. Brutal. Te rompe el cuerpo. Envejeces antes que en ningún otro lugar. Entonces algunas, las menos, todo hay decirlo, las más significadas social, políticamente, vienen a Europa a cuidarse, a permitirse un tiempo de descanso, de recuperación. Y lo que son las cosas, aunque aquí tengan lo que allá no tienen, de alguna manera, se apagan. Aquel resplandor suyo en las jaimas, o cuando las ves en los ayuntamientos decidiendo sobre asuntos de sus pueblos y barrios, pierde brillo en Europa. No sé por qué pero así lo siento yo.

- Será que las rosas del desierto no florecen en el asfalto.

- Bonito, pero hay algo más. Quizás nuestro sentimiento de superioridad ante quien es distinto lo cubra todo. Hasta sus túnicas mágníficas, las darras de los hombres, las melfas de ellas, pierden su elegancia en esta Europa que no sabe nada del pueblo saharaui.

- ¿Nada?

- Aquí sí. En el País Vasco, sí, porque tenéis una larga historia de lucha propia, de reivindicación de vuestras raíces. En Alemania, realmente nada. También por culpa de los medios de comunicación: un destierro que dura 30 años no sirve ya para abrir un periódico ni un telediario.

- ¿Desarrollamos la frase que hemos elegido como titular?

- Durante 15 días filmé en los campamentos mi documental, basado en una experiencia que consistió en repartir 150 cámaras fotográficas desechables entre los saharauis para que retratasen sus sueños, ilusiones y disputas. Su desesperanza, su orgullo. Hablé mucho con ellos. Algunos se mantienen fieros en su ilusión por unSahara libre. Otros, y yo les entiendo perfectamente, quieren encontrar soluciones individuales. Les comprendo porque para mí, la búsqueda de la felicidad de cada uno está por encima de la de cualquier pueblo. Hablé con ellos y sentí cuánta energía había en ese desierto. Cuánta energía sobrante, cuánta fuerza sin utilizar, cuánta juventud que no producía, cuánto potencial reprimido que algún día estallará.

- Sra directora del Goethe ¿alemán como nuestra cuarta lengua?

-¿Y por qué no? No es cuestión de disputarle nada al inglés. Sois bilingües. Tenéis capacidad para los idiomas. El inglés, es, desde la escuela misma, vuestra tercera lengua. ¿Por qué no va a ser el alemán la cuarta, la de elección? O la quinta, con el francés que lo habláis al otro lado del Bidasoa...

Fuente: http://www.diariovasco.com/