dimarts, 9 de desembre de 2008

Arte contra el muro del Sáhara

TIFARITI.- ¿Se puede derribar un muro de 2.700 kilómetros con un pincel? ¿Puede el arte remover las conciencias colectivas y reavivar el interés hacia la causa saharaui? Con este planteamiento, medio centenar de artistas españoles, latinoamericanos, argelinos y saharauis han participado en la segunda edición del festival artístico Artifariti. El objetivo: otorgar visibilidad a un conflicto olvidado, el del Sáhara Occidental.

Hace 33 años, 200.000 refugiados saharauis malviven en la hamada argelina, en unos campamentos en los que las cabras comen plástico y las personas sobreviven en una nube permanente de polvo y arena gracias a la ayuda internacional, y a la ilimitada solidaridad del pueblo español y del argelino.

Esta vez el apoyo ha llegado en forma de pinturas y esculturas. Ha ocurrido en Tifariti, ciudad símbolo para la lucha saharaui. Fue aquí donde recalaron los primeros refugiados tras la ocupación marroquí en 1975. Sobre estos campamentos improvisados cayeron las bombas marroquíes de napalm y fósforo blanco, en 1976. Por ello, los polisarios tuvieron que trasladar los campamentos a Tinduf, en Argelia.

Ciudad bombardeada en varias ocasiones, hasta un día antes de la entrada en vigor del alto el fuego, en 1991, Tifariti está a 60 kilómetros del muro de defensa que Marruecos construyó en los años 80 para repeler los ataques del Frente Polisario. El "muro de la vergüenza", como lo llaman los saharauis, divide a lo largo de sus 2.700 kilómetros a un pueblo y su territorio.

Hasta 10 millones de minas y bombas de racimo hacen inviable cualquier intento de saltar esta valla, vigilada las 24 horas del día por 160.000 soldados armados. En este escenario bélico se halla Tifariti, un poblado habitado únicamente por militares polisarios y pastores semi nómadas.

Aquí los artistas de Artifariti han trabajado a lo largo de dos semanas con un reto: crear obras de arte a partir de materiales autóctonos y restos bélicos. Se trataba, pues, de dar una nueva vida a los kilos de chatarra y armas que invaden la inmensidad del Sáhara liberado y llenar de color un entorno habitualmente desangelado. Acuartelados en la escuela del pueblo, una escuela sin niños de momento, los participantes han vivido un intenso proceso creativo en el que se han visto involucrados muchos saharauis.

El Caballo de Troya Saharaui

Es el caso del pastor que ha inspirado la obra más polémica de este certamen, el Caballo de Troya Saharaui, del mexicano Rolando de la Rosa. Perdió un brazo en los bombardeos y por eso propuso a Rolando que utilizara los restos de una bomba para moldear la cabeza de su caballo, en cuyo interior se han colocado todas las resoluciones incumplidas de la ONU sobre el derecho de autodeterminación del pueblo saharaui.

El Gobierno de la República Saharaui (RASD) ha elegido esta macroescultura para llevar a cabo una acción reivindicativa. Esta semana, el caballo marchará hasta el 'muro del vergüenza' escoltado por el presidente Mohamed Abdelaziz y los saharauis exiliados en los campamentos. Una forma más de intifada pacífica, como definen su lucha los mandos polisarios.

La creatividad de los artistas ha convertido Tifariti en un museo a cielo abierto. Desde muy lejos se podía divisar el bosque encantado de María Ortega, una joven pintora cordobesa que ha recreado en la pared de una casa la frescura del bosque. "Quería dar a esta gente un poco de mi felicidad y que tuviesen un momento de alegría cada vez que pasan por aquí", contaba María mientras remataba su mural. El verde intenso de su obra chocaba intensamente con el ocre del desierto, creando un contraste singular y muy apreciado por los militares de la zona.

El artista granadino Isidro López Aparicio pasó 24 horas en un agujero de dos metros de profundidad, vestido con la darraa, el traje tradicional saharaui, Con esta acción, quería denunciar el aislamiento que sufre este pueblo. Posteriormente, se subió a una plataforma elevada para escenificar la importancia de la comunicación y a la esperanza. Le acompañaba la artista gallega Pamen Pereira desde otro agujero adyacente, también vestida con la melfa, el traje típico de la mujer saharaui.

Eva Lootz, Premio Nacional de Artes Plásticas, planteaba con su instalación 'Luz para todos' la necesidad de mejorar las duras condiciones de vida del pueblo saharaui. Con su velas, la artista austriaca afincada en Madrid sugería promover el uso de la energía solar en una tierra árida que sólo tiene arena y sol. "La situación de este pueblo es realmente desesperada. Es un pueblo muy pequeño y por eso sufre la indiferencia de la comunidad internacional. Si fuesen millones, otro gallo cantaría", aseguraba Eva durante una visita a la jaima de un pastor.

Durante 15 días, los participantes de Artifariti han convivido estrechamente con familias saharauis y han conocido su forma de vida, sus penurias, pero también su inmensa generosidad, su hospitalidad y su alegría. Muchos se han comprometido a apoyar desde España su causa, como el artista valenciano Eduardo Romaguera, que el 10 de diciembre viajará a Estrasburgo, al Parlamento Europeo, para entregar las quejas del pueblo saharahui que ha recogido durante su estancia en Tifariti.

Fuente: http://www.elmundo.es/