dilluns, 27 d’abril de 2009

Sáhara, un sueño por los aires
Un grupo de Castelló estuvo en la marcha pacífica en la que una mina antipersona hirió a 5 jóvenes
Un sueño, una esperanza, tal vez un espejismo que chocó contra la implacable realidad del muro militar más extenso e inhóspito de la faz de la tierra: 2.400 kilómetros de alambradas, trincheras y armamento militar cercados por más de 10 millones de minas antipersona.La historia estaba escrita: David contra Goliat. Esta vez el gigante era demasiado gigante, pero ello no frenó ese impulso humano inexplicable que, sólo en momentos elegidos e irrepetibles, contagia a miles de personas completamente desconocidas en un deseo imparable de reclamar justicia, de ser un poco más humanos. El pasado 10 de abril esa llamada llevó a una expedición de castellonenses a unirse a más de 2.000 personas en una marcha internacional pacífica contra el muro militar que alza Marruecos en el Sáhara Occidental. Es el muro de La Berma, la infraestructura militar que separa desde hace 34 años a la población saharaui y mantiene la ocupación que el régimen marroquí inició en 1975 en contra de las resoluciones de la ONU.La protesta pacífica había sido bautizada como Marcha Blanca y estaba respaldada por civiles internacionales de las más diversas procedencias e ideologías, la mayor parte de ellos familias españolas que aprovecharon para visitar a los niños saharauis que acogen en verano en el programa Vacaciones en Paz. La marcha tenía previsto deternerse en señal de protesta a una distancia de seguridad de entre 400 y 300 metros del muro militar, dado que a partir de este punto el terreno se convierte en una de las franjas con mayor densidad de minas antipersona y antitanque por metro cuadrado (más de 10 millones a lo largo de 2.400 kilómetros de longitud). Eso sí, Marruecos impide a la ONU el desminado de la zona y no existe ningún tipo de señalizaciónSin embargo, una extraña eclosión de indignación colectiva, temeridad y desconocimiento hizo que la marea humana sorteara a los voluntarios saharauis que instaban a guardar la distancia de seguridad. En pocos minutos, 1.500 personas plantaban cara a la alambrada marroquí y a sus soldados mientras pisaban sin precauciones un campo minado. La agitación colectiva iba en aumento y un sector de adolescentes saharauis -crecidos por el avance de los civiles internacionales- retaba a los soldados marroquíes desde la alambrada con rabia e impotenciaEl altavoz de un vehículo saharaui requería una y otra vez a los manifestantes la urgente retirada de la zona de minas. No hubo respuesta, la tierra saharaui estaba demasiado cerca, al otro lado del muro, casi podía tocarse... Y entonces ocurrió. Una explosión ahogada bajo tierra hizo volar por los aires el sueño de la Marcha Blanca y con él a cinco jóvenes saharauis. Brahim, de 19 años, perdió su pierna y miraba a su alrededor con una mirada de miedo y de sorpresa que martilleó el corazón de los 2.000 manifestantes.La ilusión, los globos y las pancartas se convirtieron durante unos segundos en lloros, silencio y rostros de abatimiento. La mina que pisó Brahim demostró de la forma más cruel a la comunidad internacional que Marruecos sigue manteniendo minas antipersona en el Sáhara y violando el derecho internacional. El miedo también invadió a los voluntarios castellonenses, aunque el desconcierto inicial dio paso a una retirada, esta vez sí ordenada, y a una nueva concentración silenciosa que miraba cara a cara al muro marroquí para intentar explicarle que, aunque 10 millones de minas pueden cerrar el paso por tierra a dos mil civiles desarmados, la libertad y los sueños aún saben volar.