divendres, 27 de febrer de 2009

Siempre el Sur (al Sur)

"Hoy se cumplen 33 años de la proclamación de la RASD"

Nadia Jiménez Castro Las Palmas de Gran Canaria

Será porque fueron al Norte a decidir los asuntos del Sur (Acuerdos de Madrid, noviembre de 1975, en la que no hubo transferencia alguna sobre soberanía), será por ello que la memoria al Sur no ha olvidado ningún recuerdo, y será quizás que 33 años de lucha sirven para lograr ese imposible que decía la canción, recordar que el Sur también existe. Hoy se cumplen 33 años de la proclamación de la RASD, tras el abandono de este cercano territorio por España, la edad de cualquier saharaui que haya sufrido la crucifixión de vivir en el abandono del desierto de la hamada argelina, o la edad de vivir la esperanza de la resurrección tras una larga disputa que marca el destino ya de varias generaciones.

Lo cierto es que el territorio del Sáhara Occidental aloja un muro de más de 2.000 kilómetros de largo, que divide el territorio de norte a sur (al sur del Sur), otro de esos muros que guarece a la vergüenza internacional sin señalarla, que se erigen sobre tantos sueños rotos, al abrigo de tantos intereses encontrados, porque, como pasa siempre, es quien ocupa quien levanta muros para mantenerse. Pero los sueños son libres porque en el desierto siempre sopla el viento, siempre hay arena en movimiento para cambiar las cosas, y siempre hay un cielo que da cobijo al que mira el saharaui cada noche, a ambos lados del muro, y que le recuerda que es y será siempre saharaui. Porque, por más que el sol apriete, llega la hora del día en que debe por fin ponerse y dejar paso a la noche.

El ex enviado de la ONU, Peter Van Walsum, afirmó que «la razón jurídica en este conflicto está del lado del Frente Polisario». La RASD cuenta por tanto con la legitimación jurídica y la autoridad moral está fuera de toda duda en los rostros de los miles de refugiados que aguardan la dura esperanza de la resurrección, pero, lamentablemente, varias son las fichas dispuestas aún en el tablero de una partida agotada. Son 33 años de abrazos deshechos y pasos cansados, pero de ilusiones vivas y corazones latiendo al viento. Es la dureza del desierto pero es también su magia la que les empuja, porque «el hambre disponible recurre al fruto amargo de lo que otros deciden mientras el tiempo pasa, y pasan los desfiles y se hacen otras cosas que el Norte no prohíbe».

Fuente: Opinión, Canarias7