diumenge, 11 de gener de 2009

Rey Mago en El Aaiun

Debería haber una asociación de Reyes Magos. Los que hemos tenido la suerte de hacer de Rey Mago nunca podemos olvidarlo. Las miradas de los niños, llenos de esperanzas e ilusiones penetran más allá de la retina de los magos. Yo he tenido la suerte de hacer de Rey Mago, de Baltasar. El 5 de enero de 1957 partimos del acuartelamiento del III Tabor de Tiradores de Ifni, en El Aaiun, montando auténticos camellos. El teniente Magariños, de Melchor; el teniente Vizcaino, de Gaspar y yo de Baltasar. Me embadurnaron con betún, un daraá azul (túnica abierta por los costados) y el correspondiente elzam negro de nila (turbante de tela de unos tres metros de largo) completó mi vestimenta con un reluciente oropel en la frente. En las manos me pusieron una cajita dorada que ofreceríamos al Niño Jesús que nos aguardaba en la iglesia, al final de la larga y ancha calle terriza, eje principal del poblado.

A pesar de que la población era muy escasa, no sé de donde salieron tantos niños, supongo que la mayoría saharauis. Pero no pude distinguir desde lo alto de mi montura a los europeos de los africanos: todos me miraban con ojos de niños. Jamás se me olvidará.

Al llegar al templo los camellos barracaron (se hincaron de rodillas) y entramos en el recinto sagrado rodeado de un enorme gentío; por lo menos eso me pareció a mí. Mientras avanzábamos por el pasillo central el teniente Roberto Meléndez tocaba con su violín algo parecido a la Marcha Real. Hecha la ofrenda del oro, incienso y mirra, al Niños Dios, regresamos al cuartel con ese paso cansino que suele llevar el camello cuando anda tranquilo y sosegado. Los mismos niños a ambos lados de la calle. Incluso creo que algún padre o una desconocida madre me miraron retrocediendo años sobre sus recuerdos. Por eso creo que debería crearse una asociación, club, círculo o grupo que tuviera como lema:

¡Seguro que habrá alguien que diga que este arco entre la tierra y el cielo puede traumatizar!”

Hasta aquí el texto original. Al leerlo sentí gran emoción. Me recordó el conflicto que hubo, en aquellas fechas, en Sidi Ifni y Río de Oro. Mis recuerdos me conducen a Mayo de 1958. Yo estaba haciendo la mili en Granada, en la Agrupación de Ferrocarriles. Los soldados que habían participado en aquella ocultada guerra, venían en tren. Los de la Agrupación teníamos la misión de guardar el orden en la estación. A los expedicionarios los recibió un general, oficialidad y banda de música.

Del Sahara, provincia española que fue, nos vinimos, vergonzosamente. Las circunstancias políticas de entonces, Franco muriéndose y un gobierno desorientado y sin brújula, puede explicar, nunca justificar, los llamados “Acuerdos de Madrid” por los que, ignominiosamente, se entrega el Sahara a Marruecos y Mauritania. Tales acuerdos fueron precedidos, días antes, por “la marcha verde”, organizada por Marruecos reclamando la “marroquinidad” del Sahara, con la posible anuencia de los Estados Unidos y la pasividad de los gobiernos europeos.

Lo más deleznable de aquel gobierno fue llevar al Rey, entonces Príncipe de España, para dar moral a la tropa ¿Qué clase de moral iba a infundir el Príncipe a la tropa, si pocos días después se firman los “Acuerdos de Madrid” y el ejército Español abandona a la población saharaui al arbitrio del rey de Marruecos?

Es un lástima que la “Memoria histórica” no quiera recordar esa negra, triste y quizá cobarde página de nuestra Historia.

Hoy, 33 años después; 31 de “democracia” y 30 de Constitución, el Sahara sigue abandonado, ominosamente, por España. Lo que resulta más abominable es el giro de 180º que, sobre el asunto, ha ofrecido el PSOE y los gobiernos por él sustentados.

Por eso, el “sueltecillo” de mi amigo Pedro con el título “Rey Mago en el Aaiun” ha sido un buen pretexto para recordar la deuda que con el Sahara y los saharauis tenemos contraída los españoles.

He tenido alumnos saharauis. En ellos vi reflejada la bondad, el esfuerzo de superación y otras muchas virtudes. No sé donde estarán pero en el lugar que sea, tendrán siempre mis mejores recuerdos. MR.

Fuente: http://www.diariolatorre.es/